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Tkart magazine

Una vez en la vida | Una visita a Tony Kart, de Antonio Bosio. Donde empezó todo

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UNA VISITA A TONY KART, DE ANTONIO BOSIO. DONDE EMPEZÓ TODO

02 febrero 2017
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En junio de 2015 moría Antonio Bosio, el fundador de Tony Kart. Pero los locales del taller de Prevalle, sede de la empresa originaria, siguen ahí. Espléndidos e inmóviles, como en los días en que dio comienzo la historia.

“Tony Kart”, para quien tiene treinta años o algo más, es una marca; un brand, como dirían los del marketing. En realidad, “Tony Kart” en principio es simplemente un mote, el de Antonio Bosio, un señor genial de la pequeña localidad de Prevalle. Es ahí que el nombre “Antonio” no tardó en convertirse en Tony, y que su pasión por los karts se transformó en una especie de apellido. Pues eso, los juntas y ahí lo tienes: “Tony Kart”.

Tony, de la quinta de 1923, amaba la mecánica, la velocidad. Y además tenía un don que iba mucho más allá del título de quinto de primaria, que archivó como último año de escuela.
Por ello, en los años 50 decidió fabricar su primer kart. La inspiración le llegó por una foto que vio en una revista americana. Porque, además, él había hecho ya algo parecido a un kart: se trataba de un “vehículo de emergencia” artesanal, montado en cuatro ruedas de las Vespas, que utilizaba para proporcionar servicios de asistencia a los vehículos agrícolas en las distintas granjas de la campiña.
Hacer un kart, sin embargo, no es algo fácil. Hace falta un chasis, por ejemplo: ¡ningún problema! Tubos, soldadoras, y el chasis está listo. Hacen falta frenos: ¡pues no hay más que decirlo!

Tony hace las “coquillas”, funde el aluminio, lo cuela en las plantillas y las pinzas de freno están listas. Y como esto, todo lo demás, para cada una de las piezas: diseñado con conocimiento y realizado con precisión, en aquel taller de tres plantas, por las manos de “Tony Kart” y de los chicos que frecuentan el lugar y allí aprenden un oficio.

Entre ellos se encontraba “Cecco Winkart”, que entró a trabajar en Tony Kart en 1977, a 16 años. “Lo hacíamos todo allí – cuenta –. La fundición de las llantas, pastillas de frenos... ¡Excepto los rodamientos, se hacía todo! Más que nada se fabricaban los 125, luego, con la llegada de Robazzi (Roberto, el gerente actual del OTK Kart Group, fruto de la evolución de Tony Kart, n.d.r.) y Cancarini (Carlo, exsocio de Robazzi, n.d.r.) a finales de 1983 y principios de 1984, se empezó a fabricar también los 100. Él empezó copiando un kart de Estados Unidos y luego desarrolló la que sería la forma del kart moderno. La primera vez que vine aquí, su madre me echó. Me dijo que la guardería estaba más para allá, en aquella misma calle. Luego volví por la tarde y Antonio me dijo ‘ven aquí, niño’. Y empecé a trabajar con él”. ¿Y cómo eran las carreras? “Cogíamos las cajas de las manzanas, cajas pequeñas o tapaderas para llenarlas de tornillos y de pastillas... ¡Y salíamos con el Alfa Romeo Giulia! Los kart no los llevábamos nosotros, porque íbamos solo como ayudantes. Si acaso, a veces los atábamos en el techo”. Pues eso, pocos medios, pero mucha cabeza. Este es el mix de ingredientes que Antonio Bosio puso en aquel taller de Prevalle.
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